Cruzando la frontera entre Laos y Tailandia: de Vientiane a Nong Khai y la clase de papiroflexia con Takumi

Vientiane, la capital de Laos, está a sólo 22 kilómetros de Nong Khai, el primer pueblo tras cruzar la frontera con Tailandia. Y como son muchos los turistas que hacen este recorrido, y también los extranjeros que para alargar su estancia legal en Tailandia escogen este punto para salir y volver a entrar al país, el asunto de cruzar la frontera entre Laos y Tailandia o viceversa está bastante organizado. La manera más sencilla de cruzar es coger un autobús internacional (si sales desde la estación Sur de Vientiane el billete cuesta 1,7 euros) que tarda unas dos horas en recorrer los 22 kilómetros parando primero en el puesto de migración de Laos para que todos los viajeros sellen su salida del país y después en el tailandés para sellar la entrada.

Si quieres incluso puedes llegar directamente a Bangkok (unas 10 horas) porque también hay autobuses que hacen el recorrido completo. En la estación nos encontramos a Rafa, un sevillano afincado en Nueva Zelanda muy majete con quien habíamos coincidido en Luang Prabang, que nos contó que él había comprado ese billete para hacerse el viaje de un tirón. Otra posibilidad son los combinados de autobús-tren: cruzas desde Vientiane (o Vang Vieng, porque allí también ofrecen ese «paquete») hasta Nong Khai en bus y luego te llevan a la estación de tren para seguir camino hasta Bangkok. En caso de que nada de eso te convenza, también puedes contratar un taxi o incluso un tuk tuk de Vientiane a Nong Khai en lugar de coger el autobús, aunque económicamente no sale muy a cuenta.

Nuestra idea era llegar a Bangkok, así que después de enterarnos de la posibilidades y ver que ni en las agencias ni en Internet había sitio en el tren Nong Khai- Bangkok, decidimos ir de todas maneras a Nong Khai en autobús y ver si desde allí podíamos coger un tren para Bangkok (nos contaron que no es raro que se anulen reservas a última hora).

Andábamos dándole vueltas a ver qué tal se daría esta vez el tema de cruzar fronteras terrestres cuando ya estábamos en la frontera laosiana. Allí, todos a bajar del autobús para pasar por una ventanilla donde pagas 10.000 kips por persona -unos 10 euros- a cambio de una tarjeta que debes guardar hasta la salida (es como el metro: para salir del «recinto migratorio» tienes que introducirla en unos tornos). Después, otra cola para otra ventanilla en la que sellan la salida, y ya con el sello estampado, a los tornos de salida.

Unos 40 minutos más tarde todos los pasajeros del autobús habían terminado sus trámites y aquello se puso en marcha hacia el siguiente puesto de migración, este tailandés, donde la cosa es aún más rápida y sencilla: rellenas un papel, pasas por una ventanilla, sellan tu entrada y todo finiquitado. Luego otro ratito muy corto de autobús y ya estábamos en la estación de autobuses de Nong Khai.

Allí vimos que lo de ir a Bangkok en autobús no era problema: había varios y no eran caros. Pero como por alguna razón estábamos empeñados en probar el tren tailandés a pesar de que es más caro y más lento (en teoría son 12 horas, aunque acabaríamos tardando 16), desde allí fuimos a la estación ferroviaria. El tipo de la ventanilla nos dijo que no había plazas, pero podíamos volver en 20 minutos a ver si se anulaba alguna reserva. Se anularon por lo menos dos, así que al final pudimos coger el tren. Sólo que nos quedaban unas cuantas horas por delante. Y aunque Nong Khai no tenía nada de mala pinta, hacía un calorazo de mucha tela.

Total, que después de una vuelta rápida por el paseo junto al río y la zona del mercado, volvimos a la estación de tren, que tenía unos ventiladores buenísimos. No fuimos los únicos con esa idea: aquello estaba bastante lleno de extranjeros esperando que pasaran las horas para coger el tren. Entre ellos Takumi, un japonés muy salado con el que nos entendíamos regular a pesar de que tanto nosotros como él poníamos mucho empeño en hablar bien inglés. Al final, después de ver que la conversación no iba a ser lo nuestro, se puso a hacer una especie de pajarita de papel que terminó en dos segundos y nos regaló. No había mucho más que hacer por allí, así que preguntó si queríamos aprender y allí estuvimos recibiendo clases de papiroflexia con Takumi, quien resultó un buen maestro a pesar de tener unos alumnos bastantes torpes. Como no tenemos muchas fotos de aquel día, aquí os dejamos el paso a paso de nuestros cisnes de papel. Por cierto, mucho más complicado de lo que parecía.

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    4 respuestas a Cruzando la frontera entre Laos y Tailandia: de Vientiane a Nong Khai y la clase de papiroflexia con Takumi

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