Granada y el chupacabras

La llaman la ciudad sirena por aquello de que es urbana pero está abierta al enorme lago Cocibolca. Y cuentan que cuando Francisco Fernández de Córdoba fundó la ciudad de Granada estaba habitada por los diarianes, conocidos guerreros, artistas y comerciantes enamorados de su provincia, que hasta entonces se llamaba Nequecheri. Algo de todo eso queda en esta ciudad, donde abundan poetas, pintores, bohemios y negociantes. Y por eso es fácil entablar conversación con cualquiera y además de escuchar un montón de historias, echarte unas risas. Porque si algo caracteriza a los granadinos es que son tipos muy divertidos siempre dispuestos a pasar un buen rato.

Pasamos todo el día paseando sin más por la ciudad que hace siglos los piratas atacaban sin cesar por rivalidades varias y el asunto del comercio. Así nos encontramos con su antigua estación de ferrocarril, el parque Colón, el Palacio Episcopal, el convento de San Francisco, un mercado hiperactivo donde puedes encontrar absolutamente cualquier cosa… Y al final, entre unas cosas y otras acabamos sentándonos a tomar unas cervezas con el chupacabras, un estupendo contador de historias de 17 años que va de aquí para allá vendiendo las pulseras y pendientes que elabora con alpaca.

Nos contó un montón de cosas. Por ejemplo, que cuando a algunos turistas que no dominan el español les parece caro su producto dicen: «Mucho bonito, pero muchos dolores», y él se parte de risa por lo del dolor del dinero. O que aunque no sabe ni leer ni escribir, los números los maneja mejor que un banquero, así que es difícil que haga una mala venta. Y así, sin esperar mucho de la tarde, acabamos hablando hasta de religión con el divertido chupacabras, alias Kevin. Un artista en todos los sentidos.

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