Última parada en Laos: qué hacer en Vientiane

El siguiente punto de nuestra ruta era Vientiane, a unas cuatro horas por carretera de Vang Vieng, una localidad muy pequeña con sólo dos calles principales que seguramente sea una de las poblaciones que acoge más bares y agencias de viaje por metro cuadrado: las dos calles de Vang Vieng están plagadas de ambas cosas, así que lo tienes muy fácil tanto para tomarte una cerveza como para salir de allí en autobús hacia otro punto de Laos, Vietnam o Tailandia. Además los precios son algo más bajos que en otras ciudades laosianas: por menos de cuatro euros recorrimos los 155 kilómetros que separan Vang Vieng de Vientiane, y en un autobús muy decente.

Por delante nos quedaban casi 48 horas para conocer la capital de Laos, de la que habíamos escuchado de todo: que merecía la pena, que no era imprescindible en una ruta por el país, que había muchas cosas que ver, que era una ciudad insulsa con poca gracia… Así que sin una idea muy clara de lo que nos íbamos a encontrar, bajamos del autobús, dejamos las cosas en el sitio donde dormiríamos y a dar vueltas por ahí.

Qué ver en Vientiane

La capital de Laos tiene aspecto de pueblo grande que no sabe del estrés, los atascos y otras virtudes de las grandes ciudades: para empezar hay poca gente por las calles (las estadísticas dicen que allí viven cerca de 200.000 habitantes, y hasta 700.000 si se cuenta toda la zona metropolitana, pero quizá estén muy repartidos a lo largo y ancho de Vientiane porque no vimos el pelo más que a unos cuantos), apenas hay tráfico, no abundan los hoteles y restaurantes excepto en la calle de los mochileros (lo malo es que no tienen precios mochileros) y se respira mucha calma.

Tan sólo percibes que debes encontrarte en una ciudad grande al pasar por delante del Palacio Presidencial, un edificio de gran tamaño que no encontrarías en muchos pueblos. O al cruzar una gran avenida al fondo de la que puedes ver el Patuxai, el arco del triunfo laosiano (se construyó en los 60, con dinero donado por EEUU en teoría para levantar un aeropuerto, y rinde homenaje a los fallecidos en la guerra de Laos contra Francia). Está abierto al público, así que puedes subir si quieres tener unas vistas de toda la ciudad.

Además de caminar sin más para toparte con pequeños templos y pagodas que no están nada mal (algunas es difícil verlas bien entre tanto cable -el tendido eléctrico está muy, muy a la vista-), puedes acercarte hacia la zona del mercado de Talat Sao, muy cerca de la estación de autobuses Sur (en Vientiane hay dos estaciones de autobuses según se vaya al norte o al sur).

También hay otros puntos de la ciudad por los que te puedes dar una vuelta.

– El santuario Pha That Luang, cuentan que el más venerado de Laos, aunque para muchos no es imprescindible. Es una estupa dorada budista de 45 metros de altura.

– El templo y museo de Si Saket. El más antiguo de Vieniane, y para nosotros el más bonito. Además encontramos unos monjes bien majos por allí.

– El paseo del río Mekong, recién construido, donde se ven unas puestas de sol completamente rosas (de verdad que el color del cielo aquí al anochecer es rarísimo y precioso). A esa misma hora instalan un mercadillo en el mismo paseo.

Xieng Khuan o Buddha Park, una especie de parque temático sobre Buda. Está a unos 25 kilómetros (se llega en tuk o tuk o autobús público que sale de la estación). Hay un montón de estatuas hindúes y budistas, unas 200, algunas gigantes. Fue creado por Luang Pu Bunleua Sulilat, un devoto que integró budismo e hinduismo y que con este parque quería ganar méritos. Acabó huyendo a Tailandia, al primer pueblo que hace frontera con Laos, cuando llegó la revolución comunista. Allí, justo al otro lado del río Mekong, creó otro parque similar.

Más o menos, eso es todo lo que se puede hacer por aquí. Quizá no suene a mucho, pero de vez en cuando no vienen nada mal ciudades como esta, en las que da tiempo a un poco de turisteo y también a descansar. Con siesta y todo, como unos campeones.

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